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El 14 de Junio se cumplen 30 años del fallecimiento de un grande de la literatura argentina, Jorge Luis Borges, quien supo movilizar la imaginación de los apasionados por la lectura y la literatura fantástica.

Dijo Borges alguna vez que su padre le descubrió el poder de la poesía, de las palabras, no solo como forma cotidiana de comunicación, sino como llaves que iluminan el misterio, como símbolos de lo eterno, como signos musicales cargados de secretos.

En los últimos versos de “La lluvia”, se filtra una inesperada evocación del padre: …La mojada tarde me trae la voz, la voz deseada, de mi padre que vuelve y que no ha muerto.

Es una pieza íntima, frágil que funciona como una larga introducción para ese cierre final en el que se ilumina la emoción del poeta al escribir estos versos.

Si esos versos emocionan es porque en ellos hay una verdad. Alguien querido muere y uno descubre que el tiempo borra aquello que parecía grabado para siempre: los rasgos de una cara vista todos los días, las singularidades de un cuerpo.

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LA LLUVIA

 Bruscamente la tarde se ha aclarado

Porque ya cae la lluvia minuciosa.

Cae o cayó. La lluvia es una cosa

Que sin duda sucede en el pasado.

 

Quien la oye caer ha recobrado

El tiempo en que la suerte venturosa

Le reveló una flor llamada rosa

Y el curioso color del colorado.

 

Esta lluvia que ciega los cristales

Alegrará en perdidos arrabales

Las negras uvas de una parra en cierto

 

Patio que ya no existe. La mojada

Tarde me trae la voz, la voz deseada,

De mi padre que vuelve y que no ha muerto.