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Cuando llevamos adelante un plan para bajar de peso, hay un momento donde se produce la llamada “meseta”, donde la bajada se detiene. Generalmente se produce después de haber bajado una cantidad de peso importante.

Esto es una fase normal del proceso, aunque para algunas personas suele significar el fin del descenso; para otras, un descanso para reunir fuerzas nuevamente para volver a empezar.

Causas:

  • Período premestrual
  • Estrés (por mudanzas, exámenes, problemas personales importantes, etc)
  • Metabólicas: por adaptación al plan por lo que el cuerpo responde menos y le cuesta más trabajo bajar de peso.
  • Retención de líquidos: en estos casos la grasa sigue disminuyendo pero el peso se mantiene estable en número.
  • La falta de motivación y ganas de seguir después de haber perdido una cantidad importante de peso.
  • Alcanzar un peso en el que habíamos estado antes por mucho tiempo de manera estable. Cuando subimos y bajamos mucho hay ciertos pesos que resultan cómodos para el organismo, en esos pesos el organismo se estabiliza y se estanca. Esta es la llamada zona de confort.
  • Que dejes de lado la actividad física. Uno de los principales motivos de estancamiento, sobre todo cuando se está llegando al peso saludable, es el abandono del eslabón que conecta los elementos que integran el tratamiento: el ejercicio.
  • Que te hagas trampa con pensamientos negativos. Si en una reunión no respetaste el plan nutricional, no continúes al día siguiente con el pensamiento fijo de comer desaforadamente.

¿Cómo se sale de una meseta?

Independientemente de cuál sea la causa por la que el descenso se detuvo, no debemos pensar que no podemos retomar el descenso.

Es importante no abandonar el plan, siendo imprescindibles los controles, y ejercicio físico.

Revisar aspectos de su programa y hacer ajustes:

1. ¿Cumplimos con el plan sugerido?

2. ¿Las porciones son iguales a las del comienzo?

3. ¿Agregamos más aceite a las ensaladas?

4 ¿Ponemos más queso rallado a las comidas?

5. ¿Nos estamos excediendo en el consumo de carnes, fiambres o quesos?

6. ¿Estamos tomando agua suficiente?

7. ¿Realizamos el desayuno  y las colaciones?

8. ¿Consumimos frutas suficientes?

8. ¿Realizamos ejercicio físico?

Recuerde:

* Es probable que ante las respuestas a las preguntas sugeridas, descubramos que nos relajamos un poco respecto a lo establecido en el inicio, por lo que debemos activarnos y tomar cartas en el asunto nuevamente:

* Planifique mejor sus comidas. Quizás esté necesitando reordenarlas un poco.

* Incremente la actividad física (caminatas más largas, o más veces a la semana, práctica de algún deporte postergado)

 

 Recuerda que la meseta puede ser muy frustrante, entonces, no te desanimes y piensa que es algo frecuente a lo cual podemos enfrentar exitosamente e incluso superar para lograr lo planeado.

Nunca abandones la dieta y tus cuidados si la balanza no se mueve, sino ponte más en acción que nunca para alcanzar tus objetivos.

Liz Zarlenga

Nutrysa