“He cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer. No he sido feliz. …”

En ese primer verso del poema “El Remordimiento”, Borges con palabras hermosas y a la vez terribles, nos conmina a buscar la felicidad.

Y la felicidad, sea que esté hecha de pequeños momentos o constituya un producto de la subjetiva mirada del mundo de cada día, no es un cuento: existe. Ya sea en su forma bulliciosa que solemos llamar alegría o en su modalidad sensual que es el goce, es un estado psicológico que supera la dicha o la tristeza.

Y entre hombres y mujeres al parecer son éstas las que tienen ventajas que la naturaleza y la cultura adquirida por milenios les dan para hacer realidad el extremo mandato de Borges.

Diferentes estudios muestran que las mujeres experimentan con más intensidad todas las emociones, excepto la ira. Que si bien se deprimen con más facilidad, gozan de sentimientos positivos con más asiduidad y fuerza. Mientras los hombres suelen reprimir sus emociones o exteriorizarlas con comportamientos agresivos, las féminas son, por el contrario, más dadas a demostrarlas con expresiones faciales, palabras, el llanto y la risa.

Son las mujeres las que tienden a tener una mayor felicidad vital que los hombres, lo que se manifiesta en el disfrute de las pequeñas cosas de la vida, como los paseos, las ilusiones del amor, las picardías de los niños y esa eterna búsqueda de novedades en el entorno. Por ello quizás ir de compras, salir a mirar, probarse una y mil veces, es una fuente indudable de alegría y una demostración del espíritu optimista que confía en que con cada estación se renovarán los colores y las formas, lo que se confirma en otro estudio realizado esta vez en España, que prueba que la mujer elige su ropa y accesorios de acuerdo al estado de ánimo que en ese momento tiene.

El sexo, tema que hasta no hace poco era sólo visto desde el punto de vista masculino, ahora se sabe deja en las mujeres una sensación de placer y felicidad que es mucho más perdurable, por la activación hormonal que produce, regulando la sensación de placer. Un estudio culminado por la Universidad de Monash, Australia, arrojó que aquellas mujeres que tienen relaciones sexuales regulares son más felices, tienen menos momentos depresivos y se desempeñan mejor en pruebas cognitivas.

Ahora bien, llamativamente, también las féminas son más capaces de disfrutar de la soledad: una encuesta británica descubrió que las mujeres se encuentran a gusto yendo solas al cine, a un museo o de shopping; los hombres suelen deprimirse en esas situaciones.

No todo es color de rosa, hay un talón de Aquiles que está nada menos que en las hormonas, ya que por culpa de los estados menstruales la mujer sufre más vaivenes que el hombre, con sus marcados trastornos de ánimo y aumento de la ansiedad. Cada mes, el síndrome premenstrual es un lastre para la codiciada felicidad.

Ahora un estudio realizado por la Universidad de Florida del Sur, sobre el gen de la “monoamina oxidasa A” (MAOA) que se encuentra presente en casi el 80 por ciento de las mujeres, sugiere por qué con frecuencia éstas muestran una tendencia a ser más felices que los hombres en las mismas circunstancias. El ahora llamado “gen de la felicidad”, al regular la producción de una enzima evita que se descompongan los neurotransmisores cerebrales como la serotonina y la dopamina que son causantes de la sensación de bienestar y de la mejora del estado de ánimo.

Los varones no tienen este gen en su mayoría y en el caso de ser portadores del mismo no gozan de sus efectos benéficos, pues éstos se ven impedidos por acción de las grandes cantidades de testosterona.

Al parecer las mujeres están predispuestas genéticamente a ser más felices que los hombres y culturalmente han adquirido y transmitido una mayor capacidad para aceptar que la felicidad es esencialmente efímera y que por ello deben aprovechar los pequeños placeres de la vida, hacer perdurar las sensaciones y conservar vivos los recuerdos.

Quizás ahora se empiece a comprender aquella frase: “Dios hizo a las mujeres bellas. El diablo las hizo sagaces”.